Una mujer que tiene uno/a o dos hijos/as gana el 36% menos que un varón con la misma cantidad de niños/as a cargo.
La organización social del cuidado es actualmente la principal explicación de las brechas de género en el mundo laboral. Qué es, cómo se explica y qué rol asume el Estado en un contexto de crisis económica en el que las mujeres son las principales afectadas.

Según el nuevo informe del INDEC[1], la desocupación aumentó casi dos puntos desde el último trimestre del 2017 alcanzando al 9.1 % de la población económicamente activa. Según el INDEC, las mujeres sufren más la desocupación (10.2%) que sus pares varones (8.2%).

A medida que pasan los trimestres, las fuentes oficiales confirman que las mujeres participan menos del mercado de trabajo, sufren más la desocupación y la informalidad y a su vez ganan menos que los varones. Los estudios sobre mercado laboral fueron construyendo una explicación más acabada sobre las distintas brechas que existen entre varones y mujeres. Esta problemática se viene profundizando debido a la crisis económica que atraviesa nuestro país. Hoy podemos afirmar que gran parte de la explicación de las brechas está dada por cómo se organiza social y políticamente el cuidado de los miembros dependientes del hogar.

La brecha salarial es uno de los factores que ha tomado especial relevancia este último tiempo. En Argentina, en promedio, las mujeres ganan entre un 70% y un 75% de lo que gana un varón. Ahora bien, si analizamos el mismo indicador, pero sumando la variable hijos e hijas a cargo, la brecha salarial aumenta considerablemente: una mujer con 1 o 2 hijos/as gana 64% de lo que gana un varón que también tiene 1 o 2 hijos/as. Esto nos lleva a afirmar que uno de los principales factores que incide en la desigualdad de género en el mundo laboral está directamente vinculado con las responsabilidades del cuidado.

Los datos sobre uso del tiempo son contundentes: con presencia de menores en el hogar, casi el 100% de las mujeres le dedica tiempo a las tareas domésticas y de cuidado, mientras que menos del 65% de los varones participan de estas tareas. Las mujeres parecen no tener opción frente al trabajo doméstico y de cuidado, mientras que los varones, incluso con presencia de menores en el hogar, pueden decidir no dedicarle ni una hora del día a esta responsabilidad.  A su vez, las mujeres dedican el doble del tiempo (6,4 horas diarias promedio) al hogar. ¿Cómo hace una mujer para insertarse en el mundo laboral, teniendo que dedicar 4, 5 o 6 horas diarias a las tareas de domésticas y de cuidado? La respuesta a este interrogante la encontramos cuando observamos la brecha que existe en la participación de las mujeres en el mercado laboral: las mujeres participan un 20% menos que los varones. Sobre esta base podemos afirmar que dicha participación está signada por la cantidad de horas dedicadas a las actividades no remuneradas y a la consecuente escasez del tiempo disponible para el trabajo remunerado.

Este no es el único factor que incide en la brecha salarial. Los fenómenos conocidos como la segregación ocupacional horizontal y vertical explican cómo se insertan las mujeres en la estructura productiva (horizontal) y en los niveles jerárquicos (vertical). La estructura ocupacional de Argentina reproduce la división sexual del trabajo, en donde tanto el trabajo en casas particulares como en la enseñanza, en los servicios sociales y de salud son actividades claramente feminizadas, algunas de ellas con presencia de mujeres casi de manera exclusiva.  Las mujeres extienden en el espacio extra-doméstico sus roles reproductivos y de cuidado, tradicionalmente asignados al estereotipo femenino. Son justamente estas actividades con mayor presencia de mujeres las que están peor remuneradas, profundizando la brecha salarial.

Para lograr revertir estas desigualdades es importante poner en discusión y en la agenda pública cuál es la estructura, distribución y funcionamiento de la Organización Social del Cuidado en nuestro país. Cuando la mujer tiene la responsabilidad exclusiva del cuidado de los miembros dependientes del hogar, tiene menos tiempo real para dedicarle al mercado, es decir al trabajo remunerado y en consecuencia tiene salarios más bajos que el varón.

Una organización social del cuidado más justa implica que las responsabilidades estén distribuidas de manera más equitativa. En este sentido, el Estado tiene una responsabilidad en la provisión de espacios institucionales que permitan que el cuidado no recaiga únicamente en las madres. A pesar de que la igualdad de género es un tema que aparece en los discursos de funcionarios y funcionarias y del Presidente de la Nación, no hay en este momento políticas públicas que vayan en ese sentido. El presidente prometió durante la campaña electoral de 2015 la construcción de 3.000 jardines de infantes, de los cuales, a la fecha, según un informe publicado por el Instituto “Marina Vilte” de CTERA, se encuentran en ejecución tan sólo 52, de los cuales 17 son de licitaciones de 2016 y 2017.[2]

Para revertir la desigualdad de género en el mundo laboral no alcanza con enunciar la problemática en un discurso, sino que el Estado debe formar parte activa en lograr una distribución del cuidado entre las familias, el mercado y las instituciones públicas, para que sea realmente justa. La mayor participación laboral de las mujeres no puede ir detrimento de su calidad de vida.

Declaración de la licenciada Paula Monteserin:

El fundamento principal de la desigualdad de las mujeres en el mundo del trabajo es la división sexual del trabajo, la cual asigna a las mujeres el trabajo no remunerado y a los varones el trabajo remunerado. A las mujeres, la sombra de lo privado y a los varones, la luz de lo público. Romper con estas dicotomías es hoy el desafío para ir hacia una organización social y política del cuidado más justa, en donde el Estado tiene un papel protagónico.”

 


 

[1] Refiere al 4to trimestre del 2018. https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/mercado_trabajo_eph_4trim18.pdf

[2] Ver: http://mediateca.ctera.org.ar/files/original/c7e6e89e3f9c2f767d2b3f1e4e7d3020.pdf