El desempleo trepa al 23% entre los 16 y 24 años, donde también el trabajo en negro llega al 60%. Entre quienes están cubiertos por riesgos laborales, el 34% son mujeres.

Por: Patricia Valli

Los jóvenes no solo tienen los índices de desempleo más altos, sino que también sus condiciones de contratación son más precarias. Además, también predominan los sesgos sobre las tareas para hombre y mujer. La brecha de ingresos se mantiene, en línea con el resto general de la economía: 25%, principalmente por la menor cantidad de horas trabajadas. Incluso las mujeres más jóvenes tienen tareas “de cuidado”: cuidan a sus hijos o hermanos más chicos y otros familiares, además de las tareas del hogar.

“Los jóvenes registran una tasa de empleo no registrado equivalente al 60%, que duplica la observada en la población del grupo de 25 y más (30%). Pero además, cayó la cantidad de jóvenes de 16 a 24 con cobertura contra riesgo de trabajo en los últimos años. El empleo no registrado afecta de manera similar a jóvenes de ambos sexos. Esto cambia en el grupo de 25 años y más, donde se observa mayor informalidad en las mujeres”, señalan los datos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT), el organismo que controla a las aseguradoras de riesgo.

Según un análisis de Fundación SES y Atenea, los jóvenes de 16 a 29 años son el 22,4% de la población. El 17,7% de los jóvenes está desempleado, mientras que un 12,1% están subocupados. Cuando se mira solo a los jóvenes de 16 a 24 años, el desempleo sube a 23%.

Tanto la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (OSHA, según sus siglas en inglés) identifican a los jóvenes como un grupo de riesgo desde el punto de vista de la seguridad en el trabajo. Padecen lesiones y enfermedades laborales en mayor medida que los adultos por sus dificultades para encontrar empleo, la informalidad y precarización, la calificación y experiencia limitada, la inmadurez y falta de sensibilización sobre problemas relacionados con la salud, pero también “la deficiente respuesta de las empresas a estas circunstancias a través de la formación, la supervisión y las medidas de seguridad adecuadas”. Los más jóvenes también desconocen sus derechos y los deberes de la empresa en seguridad y salud.

Por otra parte, en los jóvenes también se ven los sesgos del mercado de trabajo: “La mayoría de los varones de entre 16 y 17 años se inserta en construcción, mientras que las mujeres en servicios de cuidado y doméstico, o áreas como educación y salud”, de acuerdo con el análisis de las economistas de SES y Atenea. Los dos primeros son los sectores más precarizados, según la SRT, a los que también suma agricultura, caza, silvicultura y pesca; y comercio, restaurantes y hoteles, como los sectores con mayor informalidad.

Los últimos datos de la Superintendencia, sobre todo 2017, señalan que la población de 16 a 24 años cubierta por sistema de riesgos del trabajo (trabajadores registrados de zonas urbanas y rurales de todo el país) fue de 870.028 jóvenes: un 34% de mujeres y un 66% de varones. Representan el 9,1% del total de trabajadores cubiertos. Y contra 2015, se observa una caída del número de trabajadores de 16 a 24 años registrados de 7,3%.

Ingresos. Por otra parte, el análisis de SES y Atenea sostienen que las mujeres jóvenes trabajan 33 horas, mientras que en los varones es de 40 horas. De esa forma, la brecha de ingresos también es del 25% en ese caso, por esa diferencia de horas trabajadas. Y si bien del sistema educativo egresan más mujeres, son menos las que ingresan al mercado laboral.  A 2017, el salario bruto promedio de las mujeres de 16 a 24 años era de $ 13.117 (el 45% de lo que gana el grupo de 25 años y más) según la SRT, con el 84% concentradas en servicios personales; comercio, hoteles y restaurantes; servicios a empresas y finanzas. En el caso de los varones, el salario bruto promedio era de $ 14.512, la mitad de los trabajadores de más de 25 años.

 

El rango de edad con más accidentes laborales

Los accidentes y enfermedades laborales tienen una incidencia 50% más alta en los jóvenes de 16 a 24 años. En el caso de las mujeres, es un 11% mayor que la de sus pares de más de 25 años. En los varones, ese índice es del 45%.

En el caso de la mortalidad por accidentes laborales, es tres veces más alta en las mujeres jóvenes. Fallecen 6,8 cada millón de trabajadoras cubiertas y es “una tendencia creciente en el último trienio”, según los datos de la SRT. Los jóvenes de ambos sexos tienen un mayor riesgo de sufrir accidentes mortales in itinere en relación con los adultos.

Para las mujeres, las actividades con mayor nivel de accidentes son comercio, restaurantes y hoteles (28 accidentes por mil, un 24% más elevado que el de las trabajadoras de 25 años y más); agricultura, caza, silvicultura y pesca (27,9 por mil) y las industrias manufactureras (25,3 por mil). Estas 3 actividades concentran al 40% de las trabajadoras jóvenes y explican el 50% de su índice de incidencia. En los varones jóvenes, los principales accidentes se dan en construcción, minería y en las industrias manufactureras.

 

 

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