El debate de la desigualdad de género en el trabajo se traslada al Congreso

Teniendo en cuenta la desigual inserción de la mujer en el mundo laboral, -la brecha salarial llega al 26%- resulta imperioso que se dé un debate profundo en torno a cómo debe intervenir el Estado para revertir esta situación. La Cámara de Diputados empieza a hacer eco de esta situación ya que al proyecto de ley presentado por el gobierno en marzo, se suma un proyecto presentado por la diputada Vanesa Siley “Equidad de Géneros e Igualdad de Oportunidades en el Trabajo”- que entró a la Cámara el pasado viernes 22 de junio. El Centro de Estudios para el Desarrollo Nacional Atenea analiza los dos proyectos de ley.

El proyecto de ley que presentó la diputada Siley junto al bloque FpV-PJ ya sumó adhesiones del Bloque Justicialista y del Peronismo para la Victoria. Este proyecto pretende acortar las distancias que separan a varones y mujeres en el mundo laboral. La iniciativa se funda en las consideraciones elaboradas por mujeres sindicalistas, referentes de las distintas Centrales de Trabajadores, que desde una postura crítica al proyecto presentado por el gobierno, abogan por una alternativa que otorgue mayores derechos a las trabajadoras en pos de lograr un mundo laboral más equitativo.

La iniciativa, busca ampliar significativamente el régimen de licencias especiales y de cuidado para hijos e hijas. Se proponen nuevas licencias para el cuidado de personas a cargo, conyugues o convivientes que estén atravesando un procedimiento de reproducción asistida para lo cual se le otorga de dos a diez días como máximo, con la posibilidad de ampliación en el caso médico que correspondiere. Otra licencia novedosa es la que se otorga para la persona que pretende adoptar un niño, niña o adolescente, en este caso la licencia es de dos días con un máximo de doce al año desde el momento en que se inicien las visitas previas a la tenencia en guarda con fines de adopción. En el mismo orden de novedad se incluye una licencia de 20 días para el caso de una interrupción voluntaria del embarazo y una licencia de 4 horas diarias durante 5 días al año para poder asistir a la adaptación del hijo/a en los niveles de jardín maternal, preescolar y primer grado y de 15 horas por año calendario para poder asistir a reuniones organizadas por el establecimiento educativo. Por último, y en concordancia con la Ley 26.485, se suma una licencia para los casos de violencia de género en la cual los días otorgados serán definidos en base a la evaluación del
personal médico y psicológico de los centros de atención a la víctima.

En el caso de la actual Licencia de Maternidad se incluyen algunos cambios favorables. Esta se llamaría Licencia para la Persona Gestante y pasaría de 90 días a 120 días -30 días previos al parto y 90 días posteriores al mismo-. A su vez, para la otra persona progenitora o pretensa adoptante, la licencia sería de 30 días. Hoy en día la Ley de Contrato de Trabajo estipula 2 días de licencia por nacimiento de hijo o hija para la persona no gestante. Sumado a esto las personas progenitoras o presuntas adoptantes tendrán 90 días más, ni bien finaliza el lapso de prohibición de trabajar, con la posibilidad de elegir cuál de ellos/as gozará de este plazo de licencia, como también optar por distribuir los días en función de las necesidades de la crianza.

Uno de los artículos fundamentales de este proyecto tiene que ver con la incorporación obligatoria por parte del empleador de “Centros de Desarrollo Infantil” para menores de 3 años. Aquel que incumpla con este requisito, deberá reintegrar el gasto de sala maternal que utilicen los trabajadores y las trabajadoras presentando los comprobantes pertinentes.

Otro de los artículos fundamentales es el que propone sancionar económicamente al empleador que vulnere la igualdad laboral. La sanción económica compuesta por tres Salarios Mínimos, Vitales y Móviles es en carácter de multa para el empleador que no cumpliera con la igualdad del derecho al acceso al empleo, en la selección para el mismo, la igualdad salarial e igualdad en el desarrollo de la carrera laboral. De esta manera, se responsabiliza al empleador en el efectivo cumplimiento de la equidad de género en el trabajo.

En relación al proyecto presentado por el gobierno en marzo de este año, resulta pretensioso el rótulo de igualdad de género en materia laboral que se le asignó. Ya que respecto a las licencias, por nacimiento de hijos e hijas, para la persona no gestante se pasaría de 2 días a tan sólo 15 días y no se modifica la situación de las personas gestantes, que se sigue rigiendo por la Ley de Contrato de Trabajo (90 días). Con lo cual, el proyecto no representa un avance en relación a concebir la responsabilidad del cuidado en los primeros meses de forma compartida, ya que la mujer sigue siendo quien tiene la mayor cantidad de días de licencia. Tampoco existe ninguna
figura que sancione al empleador en caso que se incumpla con la normativa. El debate en torno a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres que se viene dando en nuestro país, amerita una discusión más profunda respecto a la responsabilidad del cuidado de los niños/as. En esta materia, la Ley de Contrato de Trabajo, resulta extemporánea y merece ser actualizada.

 

¿Cómo se relaciona la brecha salarial con las licencias de cuidados?

Las mujeres en Argentina ganan en promedio un 26% menos que los varones. Situación que se repite a lo largo y ancho del país y en todas las categorías ocupacionales: asalariados y asalariadas, cuenta propia y para jefes y jefas. En esta última categoría la brecha llega a casi el 30%.

brecha salarial

 

Esto responde en parte a la discriminación que sufren las mujeres al incorporarse al mundo laboral, ya que con el mismo nivel de instrucción o incluso mayores credenciales educativas que el hombre, no puedan acceder a los cargos mejores pagos. Lo que se explica por el denominado techo de cristal, las barreras socioculturales invisibles que impiden a las mujeres su crecimiento profesional. Como se puede observar en el gráfico a continuación, en la categoría de jefes y jefas hay un 73% de participación de varones y tan sólo un 27% de mujeres. A su vez, las mujeres y los varones no se insertan en los mismos trabajos. Hay ramas de actividad feminizadas y ramas masculinizadas: Las mujeres ocupan la mayor cantidad de puestos de trabajo en los rubros vinculados al servicio y la enseñanza. Mientras que los varones trabajan en actividades industriales que están mejor remuneradas.

 

Otro de los factores fundamentales que explican la brecha salarial tiene que ver con la cantidad de horas que varones y mujeres le dedican al mundo laboral. Según relevamientos del Centro Atenea, las mujeres le dedican menos tiempo al trabajo remunerado porque no tienen opción sobre la responsabilidad socialmente asignada al hogar. La evidencia es esta: las mujeres trabajan en promedio 10 horas semanales menos que los varones –mientras que los varones trabajan 45 horas semanales, las mujeres trabajan 35-.

Los hilos de la desigualdad se tejen en cada uno de los ámbitos sociales, no sólo en el mundo laboral. El rol de la mujer está asociado a las tareas reproductivas, por lo tanto, es quien realiza las tareas de cuidado en el hogar. No podemos entender las desigualdades en el mundo laboral si no tenemos en cuenta los roles históricamente asignados a ‘lo masculino’ y ‘lo femenino’: la mujer debe quedarse realizando tareas domésticas y el varón debe salir a conseguir el sustento económico. Las mujeres no trabajan menos, las horas que no le dedican al mundo laboral, se las dedican al trabajo no remunerado del hogar.

Este punto también tiene su evidencia. Una encuesta realizada por el INDEC durante el año 2013 demuestra que tan sólo 6 de cada 10 varones que trabajan entre 35 y 45 horas semanales, realizan tareas en el hogar, dedicándole 3.3 horas diarias en promedio. En cambio, casi 9 de cada 10 mujeres que trabajan entre 35 y 45 horas semanales realizan tareas en el hogar, dedicándole 5.2 horas diarias.

También, en base a la misma encuesta, se puede visibilizar la distribución desigual de tareas referidas al cuidado de niños y niñas específicamente. El 64,1% de los varones participan del cuidado cuando hay menores en el hogar, mientras que casi el 94,1% de las mujeres realiza tareas de cuidado en las mismas circunstancias. Es decir, casi la totalidad de las mujeres cumple con la responsabilidad reproductiva cuando en el caso de los varones solo 6 de cada 10 lo hace.

Por esto es importante entender que la participación en las tareas del hogar es una negociación que se da en su interior, por lo que permanece en el ámbito privado y aparentemente libre de regulaciones. En esa negociación la desigualdad está sustentada en los estereotipos culturales y sociales que tanto varones como mujeres reproducen y se manifiesta en cada una de las discusiones como “quién se queda con los chicos”, “quién los retira de la escuela”, “quién saca el turno con el pediatra”, “quién limpia”, “quién lava” y así infinidad de acuerdos y desacuerdos que parten de estereotipos ya naturalizados.

La consigna acuñada por el feminismo afirma que “lo personal es político”. Aquello que pareciera pertenecer al mundo de lo privado, en realidad repercute directamente en el seno de la sociedad: la desigualdad en el mundo laboral. El Estado debe hacerse responsable de inclinar la balanza hacia quien en esta situación se presenta más vulnerable. El mundo laboral no es equitativo, más bien tiende a profundizar la desigualdad entre varones y mujeres. Factores como el techo de cristal, la distribución del tiempo entre trabajo remunerado y no remunerado y la segregación ocupacional horizontal (en qué tipo de trabajos se insertan mujeres y varones) explican la brecha salarial.

Si bien el proyecto presentado por el gobierno menciona la equidad salarial, “a igual tarea igual remuneración”, no ataca el nodo de la cuestión, que tiene que ver con generar nuevas leyes y nuevas políticas públicas que habiliten a que la mujer acceda efectivamente a un mejor salario. Las modificaciones legislativas deben ser más profundas y la responsabilidad del cuidado debe ser concebida como una responsabilidad compartida entre quienes están a cargo de la crianza. El debate en torno a la igualdad de género se vuelve cada vez más visible e interpela al Estado para garantizar una ruptura con sus instituciones patriarcales, en pos de una sociedad más equilibrada y justa.